EL PRINCIPIO DE NIRVANA. Y EL FINAL.  
       
 “…es mejor quemarse que apagarse lentamente.”
Kurt Cobain, carta de suicidio.

Caminar por la cornisa implica un riesgo que puede generar adrenalina, resulta difícil tener éxito sin asumir riesgos, pero también puede resultar riesgoso el éxito una vez que se ha obtenido. Un éxito que es buscado con mucho esfuerzo pero que sin embargo el sujeto no puede tolerar. Como lo ha dicho el mismo Kurt Cobain, para algunas personas no hay nada peor que la fama.

1- El principio de Nirvana.
Hay un significante que deriva del sanscrito y remite a extinción: “nirvana”. No se trata de un significante que se pueda definir muy bien con palabras, mostrando de esta manera su empalme con lo real. Remite a “extinción” porque, en la doctrina budista, para lograr llegar a un estado de pureza, resulta necesario extinguir los deseos mundanos. Son estos deseos los que llevan a la infelicidad, al sufrimiento. Por un lado habría que considerar a qué llamaríamos deseos mundanos, o en todo caso cuales no los serían. Podemos creen en lo espiritual, pero para eso es necesario creer. 
La solución de escaparle al sufrimiento dejando de desear, no sería aceptable para el psicoanálisis. Se trata de una solución que emprende regularmente la neurosis, sin necesidad de apelar a lo espiritual. 
Nirvana remite a la calma, a la quietud, al cese, al enfriamiento, también a la paz, donde la actividad mental se detiene. Hay uso metafórico muy bello: el término se aplica al soplo que es capaz de apagar una vela encendida. Encendida por pasiones que en oportunidades se tornan incontrolables. Entonces se trata de que se apague esa vela, la de la lujuria, del odio, de la ignorancia. 
El término fue tomado en occidente por Schopenhauer, pero es una psicoanalista inglesa, Bárbara Low, analizante de Hanns Sachs y miembro fundadora de la Sociedad Psicoanalítica Británica, quien se lo acerca a Freud. Se definirá como una “tendencia a la reducción, a la constancia, a la supresión de la tensión de excitación interna”. En “Mas allá del principio del placer” Sigmund Freud reconstruye su teoría pulsional y esta problemática le suscita un comentario, afirma que la tendencia dominante de la vida anímica es la de rebajar, de mantener constante, incluso de suprimir, la tensión interna de estímulo. Realiza allí una referencia a este principio de Nirvana aislado por Bárbara Low y de allí va a directo a la necesidad de sostener el concepto de pulsión de muerte. Si bien esta idea está sugerida desde hace mucho tiempo por Freud, es recién en este texto dónde se le da el desarrollo necesario para que encuentre su lugar en la teoría psicoanalítica. Además se deja claramente planteada la polaridad entre las pulsiones de vida y de muerte. Algunos psicoanalistas no pudieron seguirlo a Freud en este punto, ya estaba acostumbrado a que lo pulsional fuera un problema para sus discípulos, le había pasado lo mismo con la cuestión de la sexualidad. Hay un rechazo a considerar lo pulsional, incluso por parte de los psicoanalistas mismos. Para Lacan, si no se entiende el lugar de la pulsión de muerte, esto implica desconocer la doctrina freudiana en su totalidad. 
Freud plantea una característica pulsional que resulta central para entender problemáticas cómo las de las toxicomanías. La pulsión de muerte es muda, es decir puede actuar sin ser escuchada por el sujeto, sin que este llegue a percibir su accionar, hasta que la misma haya cumplido su finalidad. Resulta frecuente que quienes siguen un camino hacia la muerte no se percaten de esto, que lo perciban los otros y procuren detenerlo. A veces sin demasiado éxito. Particularmente esto sucede cuando se trata del consumo de sustancias tóxicas, porque el sujeto, por más que perciba esa inercia que lo empuja a la muerte, marcha anestesiado, y no le importa demasiado, se encuentra arrastrado por lo pulsional. En términos de Lacan podemos decir que el goce pide más goce, que el superyó pide y pide goce, o para ser más precisos, ordena gozar. 

2- El principio y el final de Nirvana.
Los años 1967 y 1994 marcan el principio y el final de la vida de Kurt Cobain, el líder de banda Nirvana que provocó una revolución dentro del rock, tanto por su música, como por sus letras. Expandió mundialmente el grunge, un sonido de Seattle que lleva su marca.
Escribió el tema emblemático de su banda: “Smells like teen spirit” (Huele Como A Espíritu Adolescente) con un título que encontró escrito en una pared como una broma por un amigo, sin saber que se trataba del nombre de un desodorante. Allí canta “soy el peor en lo que hago mejor”. Su biógrafo Charles Cross dice que amplió el panorama emocional del rock con una mezcla de alienación, rabia y angustia. 
La vida de Nirvana fue muy corta, porque fue corta la vida de Cobain; quien pasó de una pobreza a una riqueza difícil de soportar, pero no fue un golpe de suerte, él fue su gestor. Lejos de lo que suele suponerse la banda tardó varios años en imponerse, al menos cuatro. Kurt no se cansó de mandar centenares de cartas a las compañías discográficas. Si no le respondían insistía para que la menos le envíen una respuesta negativa. Lejos de la imagen que uno puede encontrar en “Los últimos días” el film de Gus Vant Sant, tuvo una participación muy activa en el armado de su éxito.
Sus intereses no sólo eran musicales, podemos disfrutar del libro “Cobain íntimo” que nos permite conocer mejor su dimensión como artista y su afición al coleccionismo. Coleccionaba varios objetos llamativos, como cajas con forma de corazón, muñecas de porcelana, juegos de mesa, figuras de acción, revistas y libros raros, entre otras cosas. Trabajaba con estos objetos, los intervenía, les agregaba un toque un poco macabro. Krist Novoselic, el bajista de Nirvana dijo que su arte era decadente y retorcido, porque todo era un poco oscuro y jodido. 
La cantidad de objetos que llevaba a su casa hacía que esta estuviera siempre repleta, entonces buscaba casas más grandes que, por esta compulsión a adquirir objetos, quedaban a su vez chicas.
No fue sencilla su infancia. Era un chico inquieto. Durante el segundo curso de la primaria sus padres y maestros pensaron que por su inagotable energía debía consultar un médico. Luego de eliminar el colorante número 2 de su dieta y limitar el azúcar, a los siete años, lo medicaron con Ritalín para controlar la hiperactividad y el déficit de atención. De adulto en muchas oportunidades cifrará en ese hecho su recurso a las drogas para procurar solucionar sus problemas. Ya por 1974 se habían escritos algunos trabajos en los que se planteaba que ese remedio que se acostumbra a dar a los niños, podía generar un reflejo pavloviano aumentando las posibilidades de provocar un comportamiento adictivo en una etapa posterior de la vida. Otros científicos pensaban exactamente lo contrario, si la hiperactividad no es tratada en la infancia el niño podría al ser más grande automedicarse con drogas ilegales.
Más allá de lo que se diga en relación a su depresión, jamás fue tratado en su adolescencia por eso. Había en su familia muchos casos de adicción y varios de sus parientes se habían suicidado, su abuelo materno había intentado suicidarse apuñalándose delante de su familia, y más tarde murió en el hospital. Del lado del padre un tío abuelo murió como consecuencia de su alcoholismo y otros dos se suicidaron con armas de fuego. El acostumbraba a contar que su tío se había matado por la muerte de Jim Morrison. A los 9 años sus padres se separaron y siempre escribió sobre este hecho, junto al uso de Ritalín, como uno de los causantes de sus problemas. También relatará un hecho traumático que fue el encontrar al hermano de un amigo colgado de un árbol en el bosque. 
En una oportunidad se le escuchó cantar: “me esforcé mucho por tener un padre y, en su lugar, tuve un papito”. Era común que él dijera que de adulto sería una estrella de rock y que se iba a suicidar joven. 

3- Crimen y castigo.
El suicidio pasaría a ser algo frecuente en sus diarios, en ellos plantea que nuestra generación se está suicidando inconscientemente, pero también deja datos personales al respecto, como cuando afirma que su primera relación sexual por poco no lo lleva al suicidio. Se trató de un hecho acontecido en la casa de unos amigos donde tomaron alcohol y después tuvo un episodio con la hermana de un amigo que padecía una deficiencia mental, no llegó muy lejos y terminó asqueado por como ella olía. En su diario escribió que fue crimen y castigo. Sintió tanta culpa que no fue al colegio por una semana y cuando volvió lo expulsaron. El padre de la niña lo acusó de violación. Terminó declarando en la estación de policía. Sobre este hecho hay relatos contradictorios, sus amigos no recuerdan que el incidente haya sido tan grave. Sucede que mucho de lo que Kurt cuenta de su vida es un invento. Realizó algunos cambios en los relatos de su vida para que a sus biógrafos no les resultara tan difícil convertirlo en un mito. Escribió en su diario que se había decidido a tener una aventura sexual porque había pensado en el suicidio y había decidido tener sexo antes de morir. Establece allí una articulación entre la sexualidad y una profunda vergüenza.
Su relación con las drogas comienza con experimentos con LSD, marihuana y otras sustancias, pero esto no era tan frecuente en principio. Las drogas no eran de tan fácil acceso, como sí lo era el alcohol. 
Con respecto a la función de la sustancia en su psiquismo decía que se emborrachaba para bloquear el vacío emocional interior que sentía. Pocas veces salía de su habitación, dormía, dibujaba, tocaba la guitarra, en su diario planteó que esta fue una época de “total depresión, odio total y resentimientos que podían durar meses”. 
Por sus peleas con su madre y sus novios, ella lo expulsó de la casa a los diecisiete años. La última canción de Nevermind es Something in the way (Algo en el camino) donde narra cómo dormía en la calle, bajo un puente en Averdeen. Aunque su compañero de banda dice que eso es parte de su revisionismo, el clima y el lugar no eran propicios para esa aventura. Pasaba la noche en los porches de los amigos, o en habitaciones libres, a veces en el hospital haciéndose pasar por un familiar de un enfermo, y también se la pasaba leyendo en una librería. Sintió el abandono y sintió que no había sido deseado. No ser deseado es precisamente una de las cuestiones que puede llevar, según Lacan, al acto suicida.

4- De lo anal a Nirvana.
En lo musical obviamente su gran influencia es el punk, sin embargo en los diarios aparecen AC/DC, Zeppelin y otras bandas, hay siempre un contraste entre lo que es y lo que él quiere hacer trascender. Sabía que tenía que construir su vida para la posteridad.
Con respecto al significante elegido para nombrar su banda: Nirvana, a Kurt le atraía porque tenía un aire de misticismo oriental y sonaba sofisticado. Los nombres que había elegido con anterioridad remitían a lo anal: a su primer grupo lo llamó “Fetal Matter”. Luego, “Skid Row” hace referencia a “skid mark”, que remite a las manchar en la ropa interior. A él le fascinaba la cuestión del cuerpo humano y particularmente esa zona dedicada a la eliminación de residuos. Había pensado en “Gut Bomb” que quiere decir Bomba Visceral coonombre del grupo, afortunadamente se decidió por Nirvana. 
Tenía problemas intestinales muy serios, que se convirtieron en un verdadero calvario, más allá de los médicos que visitara, y de la medicación a la que recurriera. Sería una excusa por la cual se drogaría. Será con la heroína que buscará una solución, y también aquello que lo llevará a la perdición.
El apogeo y el comienzo final tienen como punto en común un éxito arrasador, más allá de todo lo esperado, del álbum “Nevermind”. El disco comenzó a ser catalogado como pop, en lugar de punk. Ese éxito no fue ajeno a un accionar de Cobain, que se declaraba en contra de enfermedades como en consumismo, pero no dejaba de de llamar por teléfono para a seguir la lista de éxitos. Charles Cross nos dice que: “Los desafíos físicos y mentales de Kurt parecieron crecer en proporción directa con su fama. Mientras que el público de la banda aumentaba, también lo hacían su dolor de estómago y su depresión. Aparentemente su carrera estaba despegando, pero ni la fama ni el dinero parecían hacerlo más feliz”.
Es decir, al fin conseguía lo que tanto había buscado, pero a la vez se anunciaba su desmoronamiento. El éxito trajo enormes expectativas, presiones. Invertiría en colecciones caras. Si bien él ya venía consumiendo drogas con e objetivo de borrar sus sentimientos, de anestesiarlos, la cosa se complicaría. Había probado marihuana, alcohol, LSD, anfetaminas; y otras cosas, sin embargo no son muchos los que plantean que su proceder con las drogas con anterioridad a la fama merezca calificarse de adicción. Había dejado de fumar para no arruinar su voz y el alcohol le traía problemas con el estómago. El problema será la heroína, sus diarios personales son una suerte de historia clínica, en ellos relaciona el problema de las drogas con sus dolencias estomacales, dice: “La única cosa que encontré que funcionaba eran los opiáceos fuertes”. Usar heroína era una opción para salir de gira. Se jura que no iría de gira si no tenía la enfermedad controlada o curada. Consultó a muchos doctores en diversas ciudades pero todo le resulta inútil, los problemas estomacales no hacen más que crecer. En enero de de 1992 sufre una sobredosis. Es reanimado a último momento, cuestión que se volverá habitual, en los dos años siguientes. No habrá intento de rehabilitación que tenga éxito. 

5- La mejor droga del mundo.
Courtney Love, su mujer, bromeará diciendo que ellos se unieron gracias a los productos farmacéuticos, en su primer encuentro brindaron con una botella de jarabe para la tos con codeína. Cross dice que eran muy parecidos y compartirán los mismos demonios, como las drogas. Esa relación lo llevó a la paternidad, el embarazo de Love desatará la creatividad de Kurt, pintaba dibujos de fetos mutantes, su mujer le insistió para que al menos dejara de hacerlo delante de ella. Trabajará también con fotocopias de las ecografías y con figuras alienígenas. Temas que siempre le interesaron se volverían una obsesión. 
Un nuevo intento de tratamiento será una cura se sustitución con metadona, pero solo lo ayudó temporalmente. Le recomendaron también un tratamiento grupal, pero él prefería, a sentarse en una habitación a hablar con extraños de sus problemas, pagar el costo de la adicción. Con la metadona se fue de gira, hizo incluso una broma dedicada a aquellos que lo consideraban un enfermo, en un festival subió al escenario en sillas de ruedas.
Kurt seguía su batalla. Su mujer dio a luz en el hospital en el que él estaba internado, asistió al nacimiento con el suero intravenoso puesto. Al otro día compró drogas y una pistola preocupado por la posibilidad de que le arrebaten el bebé y le propuso a Love un pacto suicida que esta rechazó. 
Hablaba de su hija como de aquello que le había dado la mayor felicidad y de lo cual se sentía muy orgulloso. A partir de una nota que dio la esposa a una revista en la que se insinuaba problemas con drogas, una trabajadora social denunció a la pareja. Les fue retirada la custodia. Haber sido declarados por el estado como padres incompetentes, los humilló. 
Las canciones de Kurt se tornaban cada vez más cínicas. En una entrevista realizada a Los Ángeles Time dijo que eligió consumir drogas, pero urgió a los chicos a que no se dejaran atrapar por ellas. Allí afirmó que prefería estar vivo, que no quería sacrificarse, ni a él ni a su familia. Y regaló el titular a diversos medios cuando dijo: “Tener en brazos a mi bebé es la mejor droga del mundo”. En oportunidades se cuestionaba si era un buen padre, a veces la paternidad le aplacaba los miedos y le permitía cierto optimismo.

6- El riesgo del éxito.
Sin embargo la cantidad de heroína que consumía fue en aumento tras la publicación del álbum “In útero”. Sufrió varias sobredosis. La droga lo estaba alejando de su familia, la música y el arte, la vida se convirtió en un infierno. En el aislamiento más profundo, esta dimensión si esta muy bien planteada en la película de Gus Van Sant. En su Diario escribe: “los factores psicológicos se han instalados y son tan dañinos como los efectos físicos”. Los problemas estomacales lo llevaron a una serie de médicos y análisis inútiles.
Consultó a un especialista en adicciones que le cito a Shakespeare, le dijo que podía ser o no ser. Primero intentó matarse, en Roma, tomando una dosis letal de Rohypnol con champagne. Dejó una nota de suicidio en la que citaba lo que le había dicho el especialista: “Como Hamlet, tengo que elegir entre la vida y la muerte. Estoy eligiendo la muerte”. Estuvo en coma, se difundió su muerte, pero salió adelante. Dejó de escribir, de tocar la guitarra, de pintar, rompió los canales de la sublimación. Le dijeron que moriría de sobredosis, dijo que en cambio se pegaría un tiro. Dicen que repetía “¿Qué voy a hacer ahora?” y que tenía el sentimiento de estar huyendo. Un día compró una escopeta Remington y se pegó un tiro en un invernadero. En su carta de suicidio escribió: “Ya hace demasiado tiempo que no me emociono ni escuchando ni creando música, ni tampoco escribiéndola, ni siquiera haciendo Rock'n'Roll. Me siento increíblemente culpable.” 
Es evidente que Cobain trabajó, y mucho, para llegar adonde llegó. Y cayó cuando finalmente consiguió el éxito. Freud en “Algunos tipos de carácter dilucidados por el trabajo analítico” plantea que nos mostramos confundidos y sorprendidos cuando ciertos hombres se enferman cuando se les cumple un deseo hondamente arraigado y perseguido, son los que fracasan al triunfar, aquellos que producen un vuelco trágico. La enfermedad se produce por el triunfo. Lo normal sería esperar que el problema fuera la frustración, sin embargo es la conciencia de culpa, esa que aparece en la carta de Kurt, la que azota. Vemos el despliegue del superyó en todo su accionar. Y en el uso de sustancias tóxicas esto resulta paradigmático, porque las drogas son excelentes para el empuje al goce, el superyó que pide más goce encuentra su mejor aliado. Y ni hablemos si como consecuencia de ese accionar aparece la culpa. Le va como anillo al dedo a la pulsión de muerte, porque recordemos que para Freud el superyó es eso, el cultivo puro de la pulsión de muerte.
Como lo recuerda Jacques-Alain Miller para Freud el superyó es una fórmula de la pulsión de muerte, y esta, en lugar de dirigirse al mundo para destruir, entra en el campo libidinal para atentar contra el mismo sujeto. Se trata en definitiva  de un avatar de la pulsión de muerte.

7- De la intoxicación al síntoma.
Hay varias cuestiones por los que interesé por Kurt Cobain además de que me guste su música. En principio lo que dice Kurt en relación a su medicación infantil. No alcanza para justificar su adicción ni pretendemos hacerlo, pero miles de niños son diagnosticados como hiperactivos y medicalizados con metilfenidato, con el cual se pretende curar el trastorno por déficit de atención con hiperactividad. Hay estudios que señalan la posibilidad de que cause adicción, ya que contiene sustancias con efectos similares a la cocaína y el opio. Algunos lo defienden, otros, en cambio, lo denominan “la cocaína de la infancia”. El caso de Kurt al menos nos permite abrir una polémica que resulta necesaria. Más del setenta y cinco por ciento de las recetas con esta droga son extendidas a niños, siendo el trastorno diagnosticado unas cuatro veces más frecuente entre los varones que entre las niñas, lo cual seguramente nos habla de una práctica compulsiva. También a Courtney Love se le prescribió Ritalin cuando era niña. Años después se preguntará “Cuando eres un niño y tienes esta droga que te hace sentir eufórico, ¿a qué otra cosa recurrirás cuando eres adulto?”
La propuesta del psicoanálisis es ir de la intoxicación al síntoma, a la formalización de un síntoma que ponga en juego las condiciones necesarias para la posibilidad de un análisis. Y no puedo dejar de preguntarme qué hubiera pasado si Cobain se hubiera topado con alguien que hubiera puesto en forma ese trastorno estomacal que hacía de su vida una tortura y que ningún diagnóstico médico podía ayudar a solucionar.    
En su diario escribió que cambiaría sus éxitos por un buen diagnóstico, lo cito:   “Sólo déjenme tener mi propia, inexplicable y rara enfermedad estomacal, y denomínenla con mi nombre”.
Eso es lo que reclamaba, no un diagnóstico, no una etiqueta, simplemente un nombre para su síntoma, pero no un nombre que le llegara del saber médico, sino un nombre que quizás podría haber encontrado él mismo, si un analista hubiera llegado a escucharlo. No digo que la historia hubiera sido otra, es apenas una conjetura, solo para que captemos lo que podemos llegar a hacer los psicoanalistas en un caso de este tipo. Tenemos que escuchar al sujeto en su división, y el síntoma, en el sentido analítico del término, es la mejor evidencia de esto. Entendemos el síntoma analítico de una forma simple, se trata de un significante que insiste y remite al goce, implica un padecimiento. Esos síntomas estomacales a los que el saber médico no le podía poner un nombre hubieran podido ser la puerta de entrada.
Es fácil decir esto, incluso suena convincente; pero también estamos hablando de alguien que había captado la cuestión de no haber sido deseado, digo algo que él mismo plantea en sus diarios, y que había elegido las drogas para rechazar a su inconsciente. Lacan nos dice que en esa irresistible pendiente al suicidio nos encontramos con sujetos caracterizados por haber sido niños no deseados, y entonces rechazan entrar en juego, o más bien procuran salirse del mismo. No aceptan lo que son, entonces son proclives al pasaje al acto, porque como lo plantea Miller, todo acto implica un suicidio del sujeto, el sujeto puede renacer de él, pero será un sujeto diferente.
Ya en 1920 Freud nos recordaba que el sujeto no sabe nada del acto suicida. Es precisamente lo que subraya Lacan en Televisión, cuando dice que el suicidio es el único acto que tiene éxito sin fracaso, y que si nadie sabe de él “es porque procede del prejuicio de no querer saber nada”. 
Este rechazo del saber es alimentado gracias al uso de tóxicos que requieren, para contribuir a conseguir este efecto, de un uso compulsivo; y llevan a un aislamiento, a un goce autoerótico que es solidario de Thanatos. El inconsciente no opera como podría hacerlo, no es posible una contabilidad del goce y esa dimensión autista de un goce que no es dialectisable se torna mortífera para el sujeto. El rechazo del saber es solidario de la pulsión de muerte, y le abre el terreno para que esta opere a sus anchas. Entonces el sujeto no se arriesga al deseo, lo que hace es poner en riesgo su propia vida.

Bibliografía:
Clarke, Martín y Woods, Paul (editores). “El enigma Kurt Cobain”. Ma non troppo. Barcelona, 2007. 
Cobain, Kurt. “Diarios”. Mondadori. Reservoir Books, 2006
Cross, Charles, “Heavier than Heaven. Kurt Cobain: la biografía”. Debolsillo, México, 2011.
Cross, Charles, “Cobain íntimo”. Caelus Books. China, 2008.
Freud, Sigmund. “Más allá del principio del placer”. En Obras Completas Tomo XVIII. Amorrortu editores. Buenos Aires, 1989.
Freud, Sigmund. “Algunos tipos de carácter dilucidados por el trabajo analítico”. En Obras Completas Tomo XIV. Amorrortu editores. Buenos Aires, 1989.
Lacan. “Radiofonía & Televisión”. Editorial Anagrama, Barcelona, 1977. 
Miller, Jacques-Alain. “La ética del psicoanálisis”. En “Introducción a la clínica lacaniana”. RBA. Barcelona, 2007.
Soria Dafunchio, Nieves. “Una disputa del acto”. En Lacaniana, año 4, número 4, Buenos Aires, 2006.

Luis Darío Salamone

Comentarios

Publicar un comentario

Entradas populares de este blog