¿SE PUEDE PRESCINDIR DEL FANTASMA EN EL ENCUENTRO CON UNA MUJER ?      


Lo que más me llamó la atención de lo que fue mi experiencia como AE de la Escuela (2007-2010) es que, cuando intentaba transmitir lo que para mí fue el efecto más importante del análisis, encontraba cierta extrañeza frente al planteo que realizaba de que, en los momentos conclusivos del mismo, me había sorprendido con la posibilidad de poder tener encuentros sexuales prescindiendo del fantasma. Más de un colega me hizo saber que esta cuestión le resultaba muy difícil de pensar. Estas Jornadas me parecen una buena oportunidad para, en lo que respecta a esta consideración, pasar de lo testimonial a lo teórico. Para verificar esta cuestión podemos servirnos de dos soportes lacanianos: el piso inferior de las fórmulas de la sexuación y la teoría de los nudos. 

1- El Otro fantasmático y el objeto. 

Del lado derecho de la tabla (mirándolo de frente) tenemos el vector que daría cuenta del goce propiamente femenino (vector que va desde el La barrado al Significante de la falta en el Otro) y el vector que también parte desde el La barrado y atraviesa la barra para dirigirse hacia el otro lado encontrando un anclaje en el falo simbólico. Como vemos, en esta modalidad de pararse frente a las consecuencias de la castración en la constitución de la sexuación, no hay en los matemas algo que nos hable del fantasma. Es decir que si tenemos a alguien, hombre o mujer, que en el momento del encuentro con el otro sexo, necesita de un fantasma no estará parado de este lado sino del otro. 
Si vamos al lado izquierdo de la fórmula (siempre mirándola de frente) nos encontramos con lo que suele denominarse el lado macho. Allí se dibuja un vector que va claramente desde el sujeto al objeto, cruzando la barra hacia el otro lado. En éste solemos escribir lo que es la fórmula del fantasma. Podemos explicarnos con este vector lo que sería el recurso fantasmático tan frecuente en los hombres. Alcanza para esto con cambiar el vector por el losange, pero ésta es una operación que hacemos nosotros, si Lacan coloca un vector es porque no se trata de la única posibilidad. Se marca una orientación, una direccionalidad. Este recurso fantástico tiene por función evitar la impotencia. Los televisores tan frecuentes en los albergues transitorios con películas pornográficas tienen por objetivo favorecer una buena estadía. Se trata de ayudar al armado de un fantasma imaginario, no apunta al fantasma fundamental, a su dimensión real. Lo real procura evitarse en este armado. Lo que Freud denominó el horror básico a las mujeres logra ser evitado recurriendo a este fantasma. 
El encuentro posible es con el objeto del fantasma y es lo que Lacan tiene en cuenta al plantear que la relación sexual no existe. Queda claro que leyendo las fórmulas de la relación no hay encuentro posible entre entre los sexos. Pero subrayamos que Lacan no dibuja en el vector del lado macho la fórmula del fantasma. Ubica entre el sujeto y el objeto simplemente un vector. Por lo tanto este vector puede ser leído de otra forma que la que acostumbramos a hacerlo al ubicar allí al fantasma. 
Mi planteo es que lo que antes podía matematizarse con la fórmula del fantasma al lograr que la angustia por el horror a lo femenino se disipe dejaba de ser operativo, porque ese fantasma necesario para no enfrentar el cuerpo de la mujer deja de ser requerido. Una relación directa con el cuerpo en tanto objeto resulta posible, aunque no para todos. La relación sexual que no existe da lugar a un encuentro con el cuerpo del partenaire como objeto causa y plus de goce, pero sin la cobertura fantasmática como defensa frente a lo real. 

2 - El partenaire-síntoma. 

Damos un paso en la teoría lacaniana para plantear otro abordaje posible del vínculo sexual en la enseñanza de Lacan: la teoría de los nudos. Allí la mujer puede presentarse, más que como un partenaire fantasmático, como un partenaire sintomático. Una mujer puede permitirle un anudamiento a un hombre. Hemos trabajado esto en varias ocasiones a partir de relaciones como la mantenida entre James Joyce y Nora o entre Salvador Dali y Gala. En estos casos se juega como síntoma y permite la articulación entre los registros imaginario, simbólico y real. Es decir que pasamos de postular, con la lógica de la sexuación, que no hay relación sexual, a la posibilidad de que haya una relación sintomática. Muchas veces recurrimos a ejemplos de personas ilustres en donde se ve la importancia que una mujer tiene como anudamiento, pero se trata de casos de psicosis. La cuestión es si esto puede aplicarse en casos de neurosis. Quizás el desanudamiento no sea tan notorio, o si. Pero así como un hombre puede encontrar un equilibrio a su locura con una mujer; una mujer como síntoma le permite a un hombre salir de su impotencia y hace realizable un anudamiento posible entre el deseo y el goce 
Por supuesto esto no le pasará a un hombre con cualquier mujer. El amor es un invento que le permite a un hombre creer en una mujer para que esta funcione como síntoma. Si los campos del deseo y del goce logran cierta intersección se puede prescindir de fantasmas imaginarios que le permitían al sujeto una modalidad de goce que pasaba, es lo más común, por la lógica de la degradación.  Para esto es necesario “hacerla síntoma”. Para que se “besuquee con el inconsciente” el hombre tiene que creer en ella. El hombre cree que el síntoma quiere decirle algo, que solo se trata de descifrarlo. Es una definición que da Lacan del amor: él cree en lo que ella le dice.
Que el fantasma fundamental se atraviese no implica que deje de estar. Pero sí que se conviertan en  innecesarios algunos fantasmas imaginarios. No es necesario fantasear en una mujer porque se cree en ella. 
Por eso el amor puede ser una locura, en la que se puede llegar a prescindir del fantasma, pero tiene, en cambio, esa creencia que es propia del delirio. 



Luís Darío Salamone


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